{"id":15353,"date":"2025-03-15T16:53:22","date_gmt":"2025-03-15T15:53:22","guid":{"rendered":"https:\/\/ies.bio\/?p=15353"},"modified":"2026-02-19T14:12:16","modified_gmt":"2026-02-19T13:12:16","slug":"senderos-del-alma-los-instintos-primordiales-como-guias-de-ecosintonizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ies.bio\/es\/ecopsicologia-en-accion\/ecopsicoterapia-es\/senderos-del-alma-los-instintos-primordiales-como-guias-de-ecosintonizacion\/","title":{"rendered":"Senderos del alma: Los instintos primordiales como gu\u00edas de ecosintonizaci\u00f3n."},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15359 alignright\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"383\" height=\"287\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-300x225.jpg 300w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-768x576.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-2048x1536.jpg 2048w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-696x522.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-1068x801.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-560x420.jpg 560w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-80x60.jpg 80w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20250218_165928605_HDR-265x198.jpg 265w\" sizes=\"auto, (max-width: 383px) 100vw, 383px\" \/>Los instintos no son meros impulsos biol\u00f3gicos destinados a la supervivencia; <strong>son fuerzas primordiales que emergen de la interconexi\u00f3n entre cuerpo, mente, alma y mundo.<\/strong> Act\u00faan como senderos internos que nos recuerdan nuestra pertenencia a la Trama de la Vida, orient\u00e1ndonos en el flujo de la existencia.<\/p>\n<p>Desde una perspectiva ecopsicol\u00f3gica, podemos entender los instintos como movimientos esenciales de la vida en nosotros, expresiones de la inteligencia de la Tierra en nuestra conciencia encarnada. No son solo respuestas autom\u00e1ticas, sino puentes entre la materia y lo trascendente, entre la inmediatez del cuerpo y la vastedad del alma.<\/p>\n<p>En este sentido, Teresita Dom\u00ednguez (2017), en su presentaci\u00f3n <em>El Lugar de los Instintos en la Ecopsicoterapia<\/em>, plantea que <em>\u201clos instintos no son la panacea universal ni la fuente de nuestras desgracias. Simplemente son nuestra naturaleza, nuestra animalidad, y sobre todo, nuestra vitalidad. Pero por supuesto, no vamos a darles rienda suelta ( \u00a0 <\/em><em>) y exponernos a su expresi\u00f3n as\u00ed sin m\u00e1s. Deseamos integrarlos a nuestra vida, dej\u00e1ndonos movilizar por ellos de una forma que podamos sostener, seg\u00fan nuestra estructura de personalidad, pero a trav\u00e9s de un proceso generador de salud.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Este planteamiento nos invita a comprender que la resalvajizaci\u00f3n no es un retorno ca\u00f3tico a impulsos sin control, sino un proceso consciente de reintegraci\u00f3n de nuestros instintos en equilibrio con nuestra psique y nuestra relaci\u00f3n con el mundo. No se trata de oponer lo instintivo a lo racional o lo cultural, sino de reconocer que en nuestra animalidad tambi\u00e9n reside nuestra vitalidad y nuestra capacidad de habitar el planeta de manera plena.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, podemos abordar los instintos como senderos ecopsicol\u00f3gicos que gu\u00edan nuestra reconexi\u00f3n con la vida. Son br\u00fajulas que nos permiten reorientarnos dentro de una cultura que ha tendido a reprimirlos o distorsionarlos. La resalvajizaci\u00f3n nos invita a recordar estos senderos, no como simples mecanismos de reacci\u00f3n, sino como caminos hacia la plenitud de lo humano en relaci\u00f3n con lo m\u00e1s-que-humano.<\/p>\n<h3>Los Instintos como Senderos del Alma<\/h3>\n<p>Cada instinto primordial nos ofrece una gu\u00eda de regreso a la conexi\u00f3n profunda con la vida. Son ritmos del cosmos inscritos en nuestro ser.<\/p>\n<h4><strong>\u00bfPor qu\u00e9 hemos olvidado estos instintos?<\/strong><\/h4>\n<p>La modernidad, con su \u00e9nfasis en la racionalidad y la separaci\u00f3n del ser humano de la naturaleza, ha contribuido al olvido de nuestros instintos primordiales. La urbanizaci\u00f3n, la tecnolog\u00eda y las estructuras sociales que priorizan la competencia sobre la colaboraci\u00f3n han erosionado nuestra conexi\u00f3n innata con la Tierra y con nosotros mismos. Pero este olvido no es casual: as\u00ed como tememos la naturaleza salvaje afuera y buscamos domesticarla, tambi\u00e9n tememos la naturaleza adentro, la fuerza instintiva que nos habita. En un intento de controlarlo todo, hemos reprimido los ritmos profundos de la vida que laten en nuestro cuerpo, nuestra emocionalidad y nuestra psique. Los instintos, en su esencia, son esa naturaleza viva dentro de nosotros, y al intentar negarlos o domesticarlos, hemos perdido un acceso esencial a nuestra vitalidad, nuestra sabidur\u00eda innata y nuestro sentido de pertenencia al mundo.<\/p>\n<h3>Recuperar los Instintos: Un Camino de Regreso<\/h3>\n<p>Si hemos olvidado nuestros instintos, tambi\u00e9n podemos recordarlos. No est\u00e1n perdidos, solo dormidos, esperando ser reactivados a trav\u00e9s de la atenci\u00f3n consciente y la reconexi\u00f3n con la vida. Cada instinto primordial nos ofrece un sendero hacia una experiencia m\u00e1s plena y armoniosa con la Tierra y con nosotros mismos. Al reconocerlos y reintegrarlos, podemos restaurar la vitalidad de nuestra existencia y reinsertarnos en la trama del mundo vivo.<\/p>\n<h3><strong>1. Instinto de Pertenencia: El Llamado del Gran Cuerpo<\/strong><\/h3>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15332 alignleft\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-169x300.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"355\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-169x300.jpg 169w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-576x1024.jpg 576w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-768x1365.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-864x1536.jpg 864w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-1152x2048.jpg 1152w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-696x1237.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-1068x1899.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-236x420.jpg 236w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_8537-scaled.jpg 1440w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/>Desde siempre, la vida ha tejido redes de interdependencia, donde cada ser es parte de un entramado mayor. No somos entidades aisladas, sino c\u00e9lulas de un mismo organismo viviente. El instinto de pertenencia es la memoria de este v\u00ednculo profundo, el saber innato de que no estamos solos, sino entrelazados con todo lo que existe. Nos recuerda que la Tierra es nuestra casa, que nuestra piel es la prolongaci\u00f3n del paisaje, que el aire que respiramos ha sido exhalado por los bosques y que el agua en nuestro cuerpo ha recorrido r\u00edos y oc\u00e9anos mucho antes de habitarnos. Este instinto nos devuelve la certeza de que la separaci\u00f3n es una ilusi\u00f3n y que la existencia solo cobra sentido dentro del gran cuerpo de la vida (<em>Abram, 1996<\/em>).<\/p>\n<p>Sin embargo, la modernidad nos ha fragmentado, empuj\u00e1ndonos a vernos como individuos desconectados, rompiendo los lazos que nos unen a la Tierra y entre nosotros. Nos hemos distanciado de los ciclos naturales, de la comunidad y de la memoria ancestral que nos dec\u00eda que pertenecer es nuestro derecho de nacimiento. En la pr\u00e1ctica cl\u00ednica, este exilio existencial se manifiesta como soledad profunda, desarraigo y vac\u00edo. La sensaci\u00f3n de no tener un lugar, de no ser parte de nada significativo, es una de las heridas m\u00e1s comunes en la humanidad contempor\u00e1nea (<em>Roszak, 1992<\/em>). Muchas personas buscan pertenencia en estructuras que no pueden ofrecerla: en el consumo, en la sobreproductividad, en una hiperindividualidad que solo acent\u00faa el aislamiento. Pero el anhelo persiste, porque la pertenencia no es un lujo, sino un instinto fundamental del alma.<\/p>\n<p>Las comunidades originarias han conservado un v\u00ednculo profundo con la Tierra como identidad y ra\u00edz. Para ellas, el territorio es sagrado no solo porque les provee sustento, sino porque en \u00e9l habitan los esp\u00edritus de los ancestros, la historia y el sentido de continuidad en espiral (<em>Kimmerer, 2013<\/em>). Los pueblos originarios se presentan a s\u00ed mismos diciendo <em>\u00absoy del r\u00edo\u00bb<\/em>, <em>\u00absoy del bosque\u00bb<\/em>, expresando no solo un lugar de origen, sino una pertenencia inseparable. Esta forma de habitar el mundo nos recuerda que la verdadera pertenencia no es un apego territorial, sino un reconocimiento de que somos parte de un sistema vivo que nos sostiene y al que debemos cuidar.<\/p>\n<p>La Ecopsicolog\u00eda se\u00f1ala que el olvido de este instinto es una de las causas m\u00e1s profundas del malestar contempor\u00e1neo. Theodore Roszak (1992) lo expresa claramente: <em style=\"font-family: Verdana, BlinkMacSystemFont, -apple-system, 'Segoe UI', Roboto, Oxygen, Ubuntu, Cantarell, 'Open Sans', 'Helvetica Neue', sans-serif;\">\u00abEl n\u00facleo de la mente es el inconsciente ecol\u00f3gico. Para la Ecopsicolog\u00eda, la represi\u00f3n del inconsciente ecol\u00f3gico es la ra\u00edz m\u00e1s profunda de la locura colectiva de la sociedad industrial.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Cuando reprimimos la conexi\u00f3n con el mundo vivo, nos fragmentamos internamente, perdiendo el sentido del \u00abNosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Restaurar el instinto de pertenencia no significa solo reconectar con la naturaleza externa, sino tambi\u00e9n sanar la sensaci\u00f3n de separaci\u00f3n dentro de nosotros mismos. Implica recordar que pertenecemos a una historia m\u00e1s grande, que nuestra existencia est\u00e1 enraizada en un linaje de relaciones que nos trascienden. Cada respiraci\u00f3n es un acto de comuni\u00f3n con los \u00e1rboles. Cada paso sobre la Tierra es un reencuentro con el hogar primordial.<\/p>\n<p>\ud83d\udc49 <strong>Cuando el Instinto de Pertenencia es negado, emerge la soledad existencial y la alienaci\u00f3n. Cuando es restaurado, despierta el sentido sagrado del \u00abNosotros\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Instinto de Cuidado: La Inteligencia del Coraz\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15336 alignright\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-142x300.jpg\" alt=\"\" width=\"175\" height=\"370\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-142x300.jpg 142w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-485x1024.jpg 485w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-768x1623.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-727x1536.jpg 727w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-969x2048.jpg 969w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-696x1471.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-1068x2257.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-199x420.jpg 199w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/2-scaled.jpg 1211w\" sizes=\"auto, (max-width: 175px) 100vw, 175px\" \/>El instinto de cuidado, m\u00e1s all\u00e1 de una simple respuesta biol\u00f3gica, se manifiesta como una fuerza c\u00f3smica que sostiene la armon\u00eda en los ecosistemas y en las relaciones humanas. Este principio es evidente en la naturaleza: las redes de micorrizas en los bosques permiten que los \u00e1rboles compartan nutrientes y se apoyen mutuamente, demostrando un sistema de cuidado y colaboraci\u00f3n natural (<em>Simard, 2021<\/em>). Del mismo modo, los lobos, al reintroducirse en ciertos h\u00e1bitats, han restaurado el equilibrio de los bosques, evidenciando c\u00f3mo el cuidado y la presencia de una especie pueden revitalizar un ecosistema completo.<\/p>\n<p>En nuestra sociedad, sin embargo, el instinto de cuidado a menudo se reprime o desvaloriza. Las personas que se dedican al cuidado, como enfermeras, cuidadores y trabajadores sociales (casi siempre en femenino), frecuentemente enfrentan condiciones laborales precarias, bajos salarios y falta de reconocimiento (<em>Federici, 2013<\/em>). Esta desvalorizaci\u00f3n refleja una tendencia cultural a minimizar la importancia del cuidado, llev\u00e1ndolo a la precariedad y marginaci\u00f3n. Profundizar en este aspecto revela c\u00f3mo nuestra cultura ha marginado este instinto esencial y c\u00f3mo podemos reivindicarlo.<\/p>\n<p>La psic\u00f3loga y feminista Carol Gilligan (1982) ha sido una voz destacada en la revalorizaci\u00f3n del cuidado. En su obra <em>In a Different Voice<\/em>, Gilligan introduce la \u00ab\u00e9tica del cuidado\u00bb, destacando que las mujeres, a menudo, enfocan los dilemas morales desde una perspectiva de responsabilidad y relaciones, en contraste con una \u00e9tica de justicia m\u00e1s centrada en reglas y derechos. Gilligan se\u00f1ala que el cuidado es una capacidad humana fundamental que ha sido hist\u00f3ricamente subestimada en las teor\u00edas \u00e9ticas tradicionales. En una entrevista reciente, enfatiz\u00f3: <em>\u00abLa empat\u00eda y el cuidado son inherentes a los seres humanos y esenciales para nuestra supervivencia y la del planeta\u00bb<\/em> (<em>Gilligan, 2011<\/em>).<\/p>\n<p>Cuando el instinto de cuidado florece, nace la compasi\u00f3n activa y la regeneraci\u00f3n de la vida. La pr\u00e1ctica de la Terapia Eco-Som\u00e1tica, desarrollada por Adriana Ord\u00f3\u00f1ez Ortiz (<em>s.f.<\/em>), integra el cuerpo y la naturaleza en procesos terap\u00e9uticos, reconociendo que el bienestar humano est\u00e1 intr\u00ednsecamente ligado al bienestar del planeta. Esta perspectiva hol\u00edstica promueve una reconexi\u00f3n con nuestra esencia natural y fomenta una cultura de cuidado hacia nosotros mismos y hacia el entorno que habitamos.<\/p>\n<p>Al reivindicar y nutrir el instinto de cuidado, no solo sanamos nuestras relaciones interpersonales, sino que tambi\u00e9n contribuimos a la salud y equilibrio de la Tierra. Reconocer el cuidado como una inteligencia del coraz\u00f3n nos invita a vivir en armon\u00eda con todos los seres, promoviendo una existencia m\u00e1s compasiva y sostenible.<\/p>\n<p>\ud83d\udc49 <strong>Cuando el instinto de cuidado se reprime, emerge la indiferencia y el extractivismo. Cuando florece, nace la compasi\u00f3n activa y la regeneraci\u00f3n de la vida.<\/strong><\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> Instinto de Reciprocidad: La Danza del Dar y Recibir<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15348 alignleft\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"344\" height=\"229\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-300x200.jpg 300w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-768x512.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-696x464.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-1068x712.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/DSC_0334-630x420.jpg 630w\" sizes=\"auto, (max-width: 344px) 100vw, 344px\" \/>Nada en la vida existe de manera aislada. Desde el aire que respiramos hasta los alimentos que nos nutren, todo en la naturaleza es un acto de intercambio constante. El instinto de reciprocidad nos recuerda esta verdad fundamental: la vida prospera en el dar y recibir, en la capacidad de participar activamente en la red de interdependencias que nos sostiene. Nos invita a ver el mundo no como un espacio de explotaci\u00f3n, sino como una danza de equilibrio en la que cada ser aporta algo y, a su vez, recibe lo que necesita.<\/p>\n<p>La sabidur\u00eda ancestral ha preservado este conocimiento a lo largo del tiempo, comprendiendo que tomar sin devolver rompe el flujo natural de la vida. En los Andes, esta comprensi\u00f3n se manifiesta en el Ayni, un principio fundamental de reciprocidad que rige la relaci\u00f3n entre los seres humanos y la naturaleza, as\u00ed como entre las comunidades (<em>Van Kessel, 1996<\/em>). Ayni significa <em>\u00abhoy por ti, ma\u00f1ana por m\u00ed\u00bb<\/em>, pero va mucho m\u00e1s all\u00e1 de un simple intercambio: es un modo de vida basado en el dar y recibir en equilibrio, asegurando que cada acci\u00f3n tenga su devoluci\u00f3n en un ciclo continuo de armon\u00eda. En la cosmovisi\u00f3n andina, nada existe en solitario; todo lo que se recibe debe ser correspondido, pues el bienestar individual solo puede darse dentro del bienestar colectivo.<\/p>\n<p>Este principio no es solo una idea abstracta, sino una pr\u00e1ctica tangible que se expresa en m\u00faltiples formas. En las comunidades andinas, el Ayni se manifiesta en la ayuda mutua en las cosechas, en el compartir recursos sin esperar una ganancia inmediata y en la relaci\u00f3n con la Pachamama (<em>Rengifo, 1998<\/em>). Antes de sembrar, se hacen ofrendas a la Tierra en agradecimiento por lo que dar\u00e1, reconociendo que no se puede solo tomar sin devolver. Este mismo principio se refleja en los ecosistemas: en los bosques, por ejemplo, los l\u00edquenes fijan nitr\u00f3geno en el suelo, enriqueciendo el ecosistema, mientras que los \u00e1rboles les ofrecen soporte y un microclima adecuado para su desarrollo (<em>Kimmerer, 2013<\/em>). As\u00ed, en la naturaleza, no hay transacciones ni acumulaci\u00f3n desmedida, solo un flujo constante de intercambio en el que todos los participantes contribuyen al equilibrio general.<\/p>\n<p>Cuando este instinto se bloquea, surge una cultura de consumo y acumulaci\u00f3n que rompe este ciclo sagrado. Nos ense\u00f1aron a tomar sin agradecer, a recibir sin devolver. La consecuencia es un mundo donde la avidez reemplaza la generosidad y la desconexi\u00f3n nos deja insatisfechos incluso cuando tenemos m\u00e1s de lo que necesitamos. Pero cuando despertamos el instinto de reciprocidad, comprendemos que cada gesto tiene un impacto en la sinfon\u00eda de la vida y que vivir en armon\u00eda significa participar conscientemente en el dar y recibir.<\/p>\n<p>La cient\u00edfica y escritora Robin Wall Kimmerer (2013) expresa esta idea con claridad en <em>Braiding Sweetgrass<\/em>:<\/p>\n<p><em>\u00abPara ser generoso hay que saber recibir. Para recibir hay que saber dar. Este es el principio ecol\u00f3gico fundamental de la vida en la Tierra.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Reconocer la reciprocidad como una fuerza esencial nos devuelve a una forma de estar en el mundo donde la gratitud, el respeto y el equilibrio rigen nuestras acciones. Nos invita a preguntarnos:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfQu\u00e9 estoy ofreciendo al mundo?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo estoy recibiendo lo que la vida me da?<\/li>\n<\/ul>\n<p>En el Ayni, en la danza de la reciprocidad, se encuentra la clave para restaurar nuestra relaci\u00f3n con la Tierra y con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\ud83d\udc49 <strong>Cuando el instinto de reciprocidad se bloquea, surge la cultura del consumo y la acumulaci\u00f3n. Cuando despierta, reconocemos que cada gesto tiene un impacto en la sinfon\u00eda del mundo.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> Instinto de Colaboraci\u00f3n: La Sabidur\u00eda de los Enjambres<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15352 alignright\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-300x142.jpg\" alt=\"\" width=\"462\" height=\"219\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-300x142.jpg 300w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-1024x485.jpg 1024w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-768x364.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-1536x728.jpg 1536w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-2048x971.jpg 2048w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-696x330.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-1068x506.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/3-886x420.jpg 886w\" sizes=\"auto, (max-width: 462px) 100vw, 462px\" \/>La vida no conquist\u00f3 el planeta a trav\u00e9s de la agresi\u00f3n, sino mediante redes de colaboraci\u00f3n. Desde el origen mismo de la existencia, la cooperaci\u00f3n ha sido una fuerza fundamental en la evoluci\u00f3n. Las bacterias, al unirse en complejas relaciones simbi\u00f3ticas, dieron origen a la atm\u00f3sfera respirable. Las c\u00e9lulas eucariotas, que permitieron la diversidad biol\u00f3gica que hoy conocemos, nacieron de la integraci\u00f3n de organismos m\u00e1s simples en un proceso de simbiog\u00e9nesis. En los cielos, las bandadas de aves migran en perfecta sincron\u00eda sin un l\u00edder \u00fanico, guiadas por un sofisticado sistema de conexi\u00f3n entre individuos.<\/p>\n<p>La bi\u00f3loga Lynn Margulis (1998), en su teor\u00eda de la simbiog\u00e9nesis, destaca que la cooperaci\u00f3n y la integraci\u00f3n de diferentes organismos han sido fuerzas motrices en la evoluci\u00f3n de la vida. Ella afirma que <em>\u00abla simbiosis, la uni\u00f3n de distintos organismos para formar nuevos colectivos, ha resultado ser la m\u00e1s importante fuerza de cambio sobre la Tierra\u00bb<\/em>. Esta perspectiva desaf\u00eda la noci\u00f3n de que la competencia es el principal motor evolutivo, subrayando en cambio la importancia de la colaboraci\u00f3n y la reciprocidad en la creaci\u00f3n de nuevas formas de vida. En su obra <em>Symbiotic Planet<\/em>, Margulis (1998) insiste en que <em>\u00abla vida no conquist\u00f3 el planeta a trav\u00e9s de la agresi\u00f3n, sino mediante redes de colaboraci\u00f3n\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Sin embargo, la modernidad ha exaltado la competencia como el motor del progreso. Desde la econom\u00eda hasta la educaci\u00f3n, se nos ense\u00f1a a destacar, a ganar, a sobresalir por encima de los dem\u00e1s. Pero, \u00bfqu\u00e9 perdemos cuando dejamos de colaborar? Cuando este instinto es sofocado, surge la fragmentaci\u00f3n social, la desconfianza y el individualismo extremo. Nos encontramos en un mundo donde las estructuras comunitarias se debilitan y donde el ego prevalece sobre la red de relaciones que sostiene la vida.<\/p>\n<p>La Ecopsicolog\u00eda nos invita a cultivar lo que Joanna Macy (2007) denomina el \u00abYo Verde\u00bb, una identidad ampliada que no se percibe como un individuo aislado, sino como parte de un sistema mayor. Para Macy, el \u00abYo Verde\u00bb es la conciencia de que nuestro bienestar no puede separarse del bienestar del mundo vivo, y que nuestra identidad no termina en la piel, sino que se extiende a r\u00edos, bosques y ecosistemas. En la naturaleza, cada ser cumple una funci\u00f3n dentro de un entramado m\u00e1s grande. Ning\u00fan \u00e1rbol crece solo, ninguna criatura sobrevive sin depender de otras. Cuando integramos esta conciencia en nuestras comunidades, transformamos la competencia en cooperaci\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n en redes de sost\u00e9n.<\/p>\n<p>Este instinto nos invita a preguntarnos: \u00bfC\u00f3mo podemos colaborar m\u00e1s? \u00bfC\u00f3mo podemos tejer redes resilientes? La respuesta est\u00e1 en la inteligencia del enjambre, en la sabidur\u00eda de la naturaleza, que nos ense\u00f1a que el verdadero poder no reside en la lucha por el dominio, sino en la capacidad de tejer v\u00ednculos de apoyo mutuo.<\/p>\n<p>\ud83d\udc49 <strong>Cuando el instinto de colaboraci\u00f3n es sofocado, surge la competencia destructiva y la fragmentaci\u00f3n social. Cuando se honra, emergen redes de sost\u00e9n y comunidades resilientes.<\/strong><\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Instinto de Expansi\u00f3n y Contracci\u00f3n: El Pulso de la Vida-Muerte-Vida<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-15354 alignleft\" src=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"391\" height=\"220\" srcset=\"https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-300x169.jpg 300w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-768x432.jpg 768w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-2048x1152.jpg 2048w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-696x392.jpg 696w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-1068x601.jpg 1068w, https:\/\/ies.bio\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/IMG_20220126_170045-747x420.jpg 747w\" sizes=\"auto, (max-width: 391px) 100vw, 391px\" \/>El universo entero respira en ciclos de expansi\u00f3n y contracci\u00f3n. As\u00ed como las galaxias se despliegan en el cosmos, tambi\u00e9n los bosques, los r\u00edos y los seres vivos siguen un ritmo de crecimiento, pausa, transformaci\u00f3n y renacimiento. Sin embargo, la cultura moderna nos ha ense\u00f1ado a valorar solo una parte de este ciclo: el avance, la acumulaci\u00f3n, el progreso sin l\u00edmites. Nos han hecho creer que la vida es una l\u00ednea ascendente, cuando en realidad es un espiral de nacimiento, muerte y regeneraci\u00f3n. La expansi\u00f3n sin contracci\u00f3n es agotamiento; la vida sin muerte es estancamiento.<\/p>\n<p>M\u00e1s que un simple \u00abinstinto de expansi\u00f3n\u00bb, podr\u00edamos hablar de un instinto de transformaci\u00f3n, que abarca tanto el florecer como el morir, el emerger y el regresar al origen. La naturaleza nos ense\u00f1a que la evoluci\u00f3n no es solo avance, sino tambi\u00e9n descomposici\u00f3n, invierno, descanso y renacimiento. En los ecosistemas, la muerte no es un final, sino una transici\u00f3n: los \u00e1rboles ca\u00eddos en el bosque no desaparecen, sino que se convierten en h\u00e1bitat para hongos, insectos y microorganismos, devolviendo su energ\u00eda a la red de la vida. La semilla debe morir para que el \u00e1rbol pueda nacer.<\/p>\n<p>Clarissa Pinkola Est\u00e9s (1992), en <em>Mujeres que corren con los lobos<\/em>, nos recuerda que este ciclo de transformaci\u00f3n es tambi\u00e9n una verdad ps\u00edquica y espiritual: <em>\u00abNo hay verdadera creatividad sin destrucci\u00f3n previa. La semilla debe morir para que el \u00e1rbol pueda nacer\u00bb<\/em>. As\u00ed como la naturaleza renueva sus formas a trav\u00e9s del desprendimiento y la disoluci\u00f3n, el alma humana tambi\u00e9n necesita atravesar procesos de muerte simb\u00f3lica para renacer con mayor plenitud. En la psicolog\u00eda profunda, la crisis no es un error del sistema, sino un umbral necesario para la regeneraci\u00f3n del ser.<\/p>\n<p>Sin embargo, hemos glorificado el crecimiento sin fin y la productividad constante, desconect\u00e1ndonos del ritmo c\u00edclico de la existencia. Paul Shepard (1998), en <em>Coming Home to the Pleistocene<\/em>, argumenta que la desconexi\u00f3n de los ciclos naturales ha sido una de las grandes tragedias de la civilizaci\u00f3n. Sostiene que en las culturas ancestrales, los rituales de paso, el contacto con la naturaleza y la aceptaci\u00f3n de la muerte eran fundamentales para una psique saludable. Sin estas transiciones simb\u00f3licas y reales, las sociedades modernas se han vuelto fren\u00e9ticas y ansiosas, atrapadas en una ilusi\u00f3n de progreso infinito.<\/p>\n<p>Cuando este instinto se desconecta de la vida, se convierte en deseo de dominaci\u00f3n: un impulso de controlar, explotar y evitar la caducidad de las cosas. La negaci\u00f3n de la muerte ha llevado a sociedades que temen el envejecimiento, que rechazan el descanso, que producen sin pausa y destruyen sin regenerar.<\/p>\n<p>Pero cuando este instinto se alinea con la Tierra, se vuelve creatividad, innovaci\u00f3n regenerativa y evoluci\u00f3n del alma. Aprender a habitar los ciclos naturales sin resistencia nos devuelve al flujo de la vida, nos ense\u00f1a que en cada final hay un nuevo comienzo, y que la verdadera transformaci\u00f3n solo ocurre cuando aceptamos la danza de la expansi\u00f3n y la contracci\u00f3n, de la vida y la muerte.<\/p>\n<p>\ud83d\udc49 <strong>Cuando el instinto de expansi\u00f3n y contracci\u00f3n se desconecta de la vida, se convierte en deseo de dominaci\u00f3n. Cuando se alinea con la Tierra, se vuelve creatividad, innovaci\u00f3n regenerativa y evoluci\u00f3n del alma.<\/strong><\/p>\n<h3><strong>Resalvajizaci\u00f3n: Recuperar los Senderos Instintivos de la Vida<\/strong><\/h3>\n<p>Los <strong>instintos primordiales<\/strong> no son impulsos a domesticar, sino <strong>saberes a recordar<\/strong>. Son <strong>huellas ancestrales en nuestra biolog\u00eda, en nuestra psique y en nuestra espiritualidad<\/strong>, conect\u00e1ndonos con la <strong>sabidur\u00eda del mundo vivo<\/strong>. Cada uno es una <strong>br\u00fajula interna<\/strong>, no solo para la supervivencia, sino para la <strong>plenitud del ser<\/strong>: nos orientan en <strong>la pertenencia, el cuidado, la reciprocidad, la colaboraci\u00f3n y la transformaci\u00f3n<\/strong>, ense\u00f1\u00e1ndonos <strong>a estar en relaci\u00f3n<\/strong> con la Tierra y con el entramado de la vida.<\/p>\n<p>Sin embargo, hemos <strong>perdido estos senderos<\/strong> en el proceso de <strong>separaci\u00f3n de lo natural<\/strong>, creando <strong>sociedades basadas en la desconexi\u00f3n, la competencia y la explotaci\u00f3n<\/strong>. Hemos olvidado que la vida no se sostiene sobre el aislamiento, sino sobre el <strong>v\u00ednculo<\/strong>; que la salud no es un estado individual, sino <strong>una armon\u00eda relacional<\/strong>; que la evoluci\u00f3n no es una lucha por el dominio, sino un <strong>proceso de colaboraci\u00f3n y reciprocidad<\/strong>.<\/p>\n<p>Desde la <strong>Ecopsicolog\u00eda<\/strong>, recuperar nuestros instintos no es un acto de regresi\u00f3n, sino de <strong>sanaci\u00f3n profunda<\/strong>. Es <strong>recordar nuestro lugar en el mundo<\/strong> no como dominadores, sino como <strong>tejidos en la red sagrada de la existencia<\/strong>. La <strong>resalvajizaci\u00f3n<\/strong> no nos llama a un retorno ca\u00f3tico, sino a un <strong>reencuentro consciente con la inteligencia primordial de la vida<\/strong>. Nos invita a <strong>escuchar de nuevo a la Tierra en nuestro cuerpo<\/strong>, a <strong>permitir que el alma recuerde su lenguaje olvidado<\/strong>, a <strong>volvernos permeables al latido del mundo<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Resalvajizarnos no es retroceder, sino avanzar hacia una forma m\u00e1s l\u00facida, libre y amorosa de estar en la Tierra.<\/strong> Es <strong>despertar la memoria profunda de nuestra interconexi\u00f3n<\/strong>, abriendo paso a una humanidad que no teme su naturaleza, sino que la abraza como su mayor fortaleza.<\/p>\n<p><strong>Marian Rios &#8211; IES Colombia<\/strong><\/p>\n<p><strong>Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li><strong>Abram, D.<\/strong> (1996). <em>The spell of the sensuous: Perception and language in a more-than-human world.<\/em> Vintage Books.<\/li>\n<li><strong>Dom\u00ednguez, T.<\/strong> (2017, septiembre). <em>El lugar de los instintos en la ecopsicoterapia.<\/em> Ponencia presentada en el VI Congreso de la International Ecopsychology Society, Montevideo, Uruguay.<\/li>\n<li><strong>Est\u00e9s, C. P.<\/strong> (1992). <em>Mujeres que corren con los lobos: Mitos y relatos del arquetipo de la Mujer Salvaje.<\/em> Random House.<\/li>\n<li><strong>Federici, S.<\/strong> (2013). <em>Revoluci\u00f3n en punto cero: Trabajo dom\u00e9stico, reproducci\u00f3n y luchas feministas.<\/em> Traficantes de Sue\u00f1os.<\/li>\n<li><strong>Gilligan, C.<\/strong> (1982). <em>In a different voice: Psychological theory and women\u2019s development.<\/em> Harvard University Press.<\/li>\n<li><strong>Gilligan, C.<\/strong> (2011). <em>Joining the resistance.<\/em> Polity Press.<\/li>\n<li><strong>Kimmerer, R. W.<\/strong> (2013). <em>Braiding sweetgrass: Indigenous wisdom, scientific knowledge, and the teachings of plants.<\/em> Milkweed Editions.<\/li>\n<li><strong>Macy, J.<\/strong> (2007). <em>World as lover, world as self: Courage for global justice and ecological renewal.<\/em> Parallax Press.<\/li>\n<li><strong>Macy, J., &amp; Johnstone, C.<\/strong> (2012). <em>Active hope: How to face the mess we&#8217;re in without going crazy.<\/em> New World Library.<\/li>\n<li><strong>Margulis, L.<\/strong> (1998). <em>Symbiotic planet: A new look at evolution.<\/em> Basic Books.<\/li>\n<li><strong>Ord\u00f3\u00f1ez Ortiz, A.<\/strong> (s.f.). <em>Terapia Eco-Som\u00e1tica.<\/em> Vivencia Eco Som\u00e1tica. Recuperado de <a href=\"https:\/\/www.vivenciaecosomatica.com\">https:\/\/www.vivenciaecosomatica.com<\/a><\/li>\n<li><strong>Roszak, T.<\/strong> (1992). <em>The voice of the earth: An exploration of ecopsychology.<\/em> Phanes Press.<\/li>\n<li><strong>Shepard, P.<\/strong> (1998). <em>Coming home to the Pleistocene.<\/em> Island Press.<\/li>\n<li><strong>Simard, S.<\/strong> (2021). <em>Finding the mother tree: Discovering the wisdom of the forest.<\/em> Alfred A. Knopf.<\/li>\n<li><strong>Van Kessel, J.<\/strong> (1996). <em>Sabidur\u00eda, religi\u00f3n y cultura andina.<\/em> Centro Bartolom\u00e9 de las Casas.<\/li>\n<li><strong>Rengifo, G.<\/strong> (1998). <em>El Ayni como principio de reciprocidad en los Andes.<\/em> Instituto de Estudios Peruanos.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los instintos no son meros impulsos biol\u00f3gicos destinados a la supervivencia; son fuerzas primordiales que emergen de la interconexi\u00f3n entre cuerpo, mente, alma y mundo. Act\u00faan como senderos internos que nos recuerdan nuestra pertenencia a la Trama de la Vida, orient\u00e1ndonos en el flujo de la existencia. 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