En los pliegues vibrantes del mundo natural, una mirada sensible y apasionada revela una forma recurrente: todo en la naturaleza es un vientre. Las raíces de los árboles se entrelazan en una danza subterránea, las cuevas se esculpen como úteros de piedra, las olas de la abuela mar rompen con la fuerza de un parto cósmico, y los charcos en los ríos adoptan la forma sugestiva de vientres y vaginas. . . .  Estos lugares sagrados, estos umbrales vegetales y minerales, no son meros accidentes geográficos, sino espacios destinados a facilitar el constante renacer ritualístico de la conexión entre el ser humano y la naturaleza. Este fenómeno, expresado de manera poética en la afirmación «Todo en la naturaleza es un vientre», encierra una profunda posibilidad de sanación, que desde la ecopsicología se entiende como el despertar de la conciencia de ser naturaleza.

raices de vientres

Para comprender realmente el significado profundo de esta afirmación, es crucial explorar la perspectiva de Abadio Green (1), lingüística y hombre sabio del pueblo Gunadule de Colombia. Green ofrece una visión más amplia que va más allá de una simple analogía: sostiene que cada persona debería conocer en detalle sus orígenes, retrocediendo generación tras generación hasta la madre, la abuela, la bisabuela, la tatarabuela, etc., para finalmente recordar el momento en el vientre de nuestra madre tierra.

 

Abrazo de Gigante

Rememorar el tiempo en el seno materno es sumergirse en las mismas raíces de la existencia. En ese espacio oscuro y cálido se forja nuestra esencia, se tejen los hilos que nos unen al pasado genético ya las experiencias de nuestros antepasados. La conexión con la madre biológica establece un vínculo fundamental, pero Abadio Green va más allá al incluir a las figuras maternas de generaciones ancestrales ya la misma tierra. Según esta perspectiva, cada era no es solo un capítulo en nuestra historia, sino un eslabón en la cadena de la vida que nos enlaza a través de las profundidades de la vivencia materna.

 

Piedras contenedoras

En la cosmovisión Gunadule, esta exploración se expande hasta la madre tierra. Recordar la vivencia en su vientre implica reconocer que la tierra es más que un simple sustrato que pisamos; es la matriz que nos nutre y sostiene. Esta conexión no es solo física, sino también espiritual. La tierra no solo nos proporciona alimento, sino que también gesta nuestras raíces culturales y espirituales.

cuevas de raíces

La ecopsicología, en este contexto, se convierte en una herramienta para la introspección y la transformación personal y colectiva. Rehacer nuestras historias de vientres implica reconocer la interdependencia entre nuestra existencia y el entorno natural. Es entender que la tierra no es solo un recurso, sino un organismo vivo del cual somos parte integral. Cada árbol, cada ola del mar, cada cueva, cada raíz, se convierte en un recordatorio tangible de la posibilidad de renacer desde Gaia.

Así como Abadio Green nos invita a reconstruir nuestras conexiones terrícolas, Theodore Roszak (2), principal exponente de la ecopsicología, nos motiva a reconstruir nuestra relación con la tierra como una madre cósmica. La tierra, según esta perspectiva, es el útero de la humanidad, el lugar de origen donde nuestras historias individuales se entrelazan con la gran narrativa de la vida en el planeta.

Poza en forma de útero vagina

La metáfora de la tierra como madre y como un vientre vivo nos empuja a mirar más allá de la tierra como un recurso explotable. En cambio, nos invita a verla como una entidad viva y sensible, que merece nuestro respeto y cuidado. Roszak aboga por una conexión profunda y simbiótica con la tierra, reconociendo que al regresar a ella, no solo recuperamos la salud ambiental, sino también la salud psicológica y espiritual.

Castaño vientre

La conexión entre las perspectivas del pueblo Gunadule (a través de Abadio Green) y de la Ecopsicología (a través de Theodore Roszak) se revela en la comprensión de que nuestro regreso a la tierra no es simplemente un acto externo, sino un proceso interno de renovación y reconexión. Reconstruir nuestras historias de vientres implica, por ende, abrazar la tierra no solo como un entorno físico, sino como un espacio sagrado y materno que nos da vida y nos acoge en su seno.

Referencias: 

(1) Verde, A. (2011). ANMAL GAYA BURBA: ISBEYOBI DAGLEGE NANA NABGWANA BENDAGGEGALA. Significados de vida: Espejo de nuestra memoria en defensa de la Madre Tierra (Tesis Doctoral, Universidad de Antioquia). Manibinigdiginya. Directora: Dra. Zayda Sierra Restrepo.

(2) Roszak, T. (1992). La voz de la Tierra.  Simón y Schuster.

Fotos tomadas por Claudio Pereira & Marian Ríos

Artículo anteriorDiplomado en Liderazgo Regenerativo. Un Proyecto de Ecopsicología Social de Koru Transformación.
Marian Ríos: Psicóloga. Magister en Antropopología Social. Psicoterapeuta Transpersonal Integral y Profesora de Danza Primal por la Escuela de Psicología Transpersonal Integral de Argentina - EPTI. Certificada como Ecotuner / Ecopsicóloga por la International Ecopsychology Society de Chile. Coach y facilitadora Integral, Sistémica y Relacional. Charter IES para Colombia. Presidenta IES periodo 2023-2025 Co-creadora del Modelo Koru de diseño y facilitación de experiencias de transformación desde paradigmas regenerativos y ecosistémicos. Coordinadora en España del Diplomado Internacional de Facilitación Ecosistémica (DIFE), certificado en conjunto con Gaia U Latina. Profesora y mentora de la Formación Ecotuning Trainning - Certificación en Ecopsicología de la IEs en Chile y Colombia.